miércoles, 31 de agosto de 2016

EL MONUMENTO DE LOS LOCOS


Sergio Sullca. Agosto de 2016.

Entre los pueblos jóvenes de Chocco, Primero de Enero y Ttioabamba del sector Margen Derecha de los ríos Huatanay y Huancaro, distrito de Santiago, yergue un imponente monumento al inka Pachakuteq que a diario observa el horizonte de la ciudad. Se ubica en la ladera del cerro Muyu Orqo, está hecho en piedra y forma parte de un complejo arquitectónico que nunca terminó de construirse. El diseño del complejo incluye un apoteósico arcoíris de estructura metálica que estaría encima del monumento con las luces suficientes para iluminarlo de noche; cerro abajo siguiendo el curso de una portentosa gradería, una portada del sol al estilo Tiahuanaco, un monumento al maíz, otro a la papa y otro a la quinua, y dos pumas de piedra a modo de guardianes en lo que sería la puerta de entrada. De todos los componentes del complejo, además del mismo monumento, solo se logró construir la portada del sol que a diario es testigo de los amaneceres cusqueños porque está ubicada al poniente de la ciudad. 

Se presenta increíble porque a pesar de su belleza pétrea luce tan pobre como las casas que lo rodean y llama la atención porque evidencia una gran inversión de tiempo, trabajo y dinero en una zona tan precaria como la Margen Derecha. Por su ubicación y tamaño, dieciséis metros de alto, puede verse desde distinto lugares de la ciudad y quien lo ve por primera vez, de inmediato se pregunta: ¿cómo llegó ahí?, ¿quién lo construyó?. Los cusqueños están acostumbrados a él, pero los visitantes suelen quedarse atraídos, buscando las respuestas.

Fue construido por el médico Raúl Salizar Sayco, un personaje excéntrico, que en la flor de su juventud se propuso inmortalizar al inka Pachakuteq haciéndole un monumento. Fue la empresa más importante de su vida y según cuenta él mismo, recorrió los cuatro puntos cardinales del Cusco buscando el lugar apropiado y no encontró mejor altura que el Muyu Orqo al frente de la fortaleza de Sacsayhuamán; así que compró el terreno a los pueblos jóvenes Ttiobamba y Primero de Enero, y el 08 de noviembre de 1989 empezó a construirlo. 

En tanto avanzaba la obra fue ganándose el apelativo de “el loco”; no sin razón porque se trataba de un tipo que difundía febrilmente la importancia histórica de Pachakuteq y “tiraba” su plata en épocas de crisis comprando materiales de construcción para un proyecto que aparentemente no tenía futuro. Además del apelativo, esa construcción le hizo dueño de un carisma y un halo de popularidad que a la larga lo convirtió en alcalde de la provincia de Cusco en el período 1996-1998. Muchos pensaron que como alcalde concluiría el monumento, fisgoneando de esta o aquella cuenta, pero se equivocaron porque en ese tiempo, no utilizó recurso alguno de la Municipalidad Provincial de Cusco para terminarlo. El loco entonces se hizo famoso no solo por su locura sino por su honradez. “No quiero que la gente diga que el gran Pachakuteq se hizo con la plata del pueblo”, solía decir.



Desde que empezó su construcción, el monumento llamó la atención regional y causó gran expectativa entre sus vecinos margenderechinos porque a la larga sería un atractivo turístico por el cual valía la pena apostar. Cuenta la historia que a principios de los años noventa, el entonces alcalde de la provincia de Cusco, Daniel Estrada Pérez, tuvo la idea de derrumbar el monumento que para ese entonces estaba a medias, porque –de acuerdo a la versión popular – sentía celos de esa construcción en el cerro ya que él también estaba construyendo otro monumento al inka Pachakuteq a no más de 30 minutos de caminata cuesta abajo, en el óvalo que hoy lleva el nombre del inka; cuando la maquinaria de demolición estuvo cerca, los lugareños hicieron una cadena humana para impedir su destrucción y Daniel Estrada no tuvo más remedio que dejarlo en su lugar. 

No obstante todos los esfuerzos, los años fueron pasando al igual que la pasión juvenil del loco. Ya sin la plata que le daba su profesión, sin su sueldo de alcalde, sin colaboradores ni seguidores, a principios de los años dos mil, el loco terminó de construir el monumento pero no el complejo arquitectónico y viendo que no podría terminarlo, lo abandonó a su suerte en el cerro sin acabados, sin puertas ni ventanas.

Sin luz, ni agua, sin trabajadores ni seguridad ya sin su mentor; la base del Pachakuteq, que estaba proyectada para la instalación de obras de arte, de tiendas de joyería, ropa, restaurantes, etc. no tardó en convertirse en un antro de vicio y perdición. Empezó a ser utilizada como cantina y fumadero, en escenario de juergas y enfrentamientos de pandillas que dejaban sus lemas y símbolos como la “A”, la “C” o la “U”; incluso la portada del sol fue convertida en inusual pizarra de parejas que dibujaban sus nombres en medio de un corazón flechado como testimonio de algún acto amoroso ahí celebrado. La comisaría de Viva el Perú empezó a registrar denuncias por delitos de distinto calibre hasta el punto de identificarlo como zona de alto riesgo y como es de suponer, los medios de comunicación empezaron a denunciar ese cuadro desolado. 

En distintas campañas electorales, varios candidatos prometían que una vez en la alcaldía del distrito de Santiago o la provincia de Cusco, invertirían en la conclusión del monumento; sin embargo al tratarse de una propiedad privada, el Estado no podía invertir monto alguno. Según algunas versiones, varias autoridades le propusieron al loco que done el terreno y la construcción a alguna de las municipalidades o al entonces Instituto Nacional de Cultura para que el Estado pueda invertir en el acabado del complejo, incluirlo en el boleto turístico de Cusco y convertirlo en un generador de desarrollo económico local. La respuesta del loco siempre fue: “primero terminaré la obra y luego la regalaré a los pueblos organizados de la Margen Derecha, no me interesa la plata del Estado”. Con su respuesta aparentemente incomprensible y el pasar de los años, la base del monumento llegó a ser hedionda.

Desde 1989 hasta el 2013 han pasado 22 años, el loco ya no tiene fuerzas, la policía no tiene la capacidad para resguardar el lugar y los medios de comunicación presionan. ¿Cuál es la salida entonces? Esta pregunta se la hicieron algunos de los “Hijos del Pueblo Joven Chocco”, una asociación pro vivienda cuyos terrenos y casas colindan con el monumento, que vieron una oportunidad donde otros veían depresión. Se propusieron recuperar el monumento y sacarle provecho y para ello había que hablar con el Doctor Raúl Salizar que, según decían sus allegados, tenía su carácter pero era buena gente. 

No los recibió fácilmente. Según cuentan, apenas escuchó la frase “queremos hablarle del monumento” el loco los echó de su casa en una oportunidad hasta que – a tanta insistencia - los recibió en una tercera y los escuchó. El plan consistía en que los hijos de Chocco limpiarían el complejo, borrarían esos mamarrachos, repintarían los ambientes internos y la fachada de la base, dándole seguridad posteriormente. Concluido el trabajo, utilizarían el lugar para organizar festivales gastronómicos; así de simple. Oído el plan, les respondió molesto: “¡yo no he construido el monumento para hacer polladas y chuletadas sino para evocar al gran Pachakuteq, este es un santuario no un comedor..! pero qué me queda, hagan lo que quieran…”. Y era cierto, cualquier cosa era mejor a ese abandono.

Buena o mala la idea, lo hicieron. En los meses de enero, febrero y marzo del año 2013 limpiaron el lugar. Se trataba realmente de un muladar, los desechos acumulados durante años fueron difíciles de trasladar, borrar esas pintas al interior de los ambientes y repintar las paredes, recuperar la portada del sol y darle seguridad nocturna para impedir que vuelvan los malandrines, fue una tarea ardua; actualmente quedan todavía algunas de esas pintas en los exteriores como testimonio de aquella etapa de olvido. Terminada esta fase, empezaron a organizar sus primeras actividades, comprometiendo a varias personalidades, clubes deportivos, asociaciones culturales y hasta movimientos y partidos políticos para que subieran al monumento y pudieran merendar de algún plato regional. Durante algún tiempo resultó la idea; sin embargo no fue sostenible por el alto esfuerzo que significaba y las pocas ganancias que generaba. No tardaron mucho en desanimarse y todo se paralizó a mediados del 2013, el negocio no resultó.

No obstante esta nueva caída, al parecer algo había revivido en el loco y no todos los hijos se habían dado por vencido, quedaron algunos como Fito Cachi que decidieron continuar con el proyecto y mantuvieron viva la esperanza. Visitaban constantemente al loco, recordándole el significado de esta obra para la humanidad, lo importante que sería para la economía de la Margen Derecha, planeando, soñando junto con él, explicándole las mejoras que habría si ellos se quedaban al cuidado del inka; hasta que un día el loco les dijo: “¿ustedes están loquitos también no…?. ¡Cuiden al gran Pachakuteq por mí!” 

Y así lo hicieron, tuvieron un acuerdo de palabra por el cual, el loco les daba en “cesión en uso” el monumento por un año y ellos se encargaban de cuidarlo y usufructuarlo. Desde diciembre de 2015 Fito y compañía se encargaron de instalar el servicio de luz, ambientaron el salón reservado a las obras de arte con los cuadros del artista cusqueño Guido Mamani y una pequeña tienda de souvenirs, hicieron los balcones de fierro en la azotea que está entre las tiendas comerciales y los pies del Inka y colocaron las banderas del Tahuantinsuyo en los cuatros costados, así como las puertas y ventanas necesarias para proteger su nuevo patrimonio. También abrieron una cuenta en Facebook: “Santuario Inka Pachakuteq” y empezaron a dedicarse a tiempo completo al monumento. 

La subida al Muyu Orqo demanda una caminata cerro arriba. Solo hay una carretera de tierra y polvo por donde circulan pocos vehículos, así que la subida es preferentemente a pie en un paseo que vale la pena porque al llegar, el visitante puede gozar del panorama de la ciudad de Cusco; lo único que piden los anfitriones, es un aporte voluntario y consumir los productos que de a poco se empiezan a vender. Los loquitos guardan un registro del creciente número de visitantes nacionales y extranjeros que a diario suben a sentir ese desconcertante y bellísimo monumento que pareciera sacado de un cuento surrealista; incluso Fito y los suyos se dieron cuenta que los vientos que soplan en esta cima, inspiran una fuerza extraña en los visitantes, sobre todo extranjeros, y los deseos de volar cometas en los niños; las fotos en la cuenta de facebook hablan por sí solas. “Esta es una obra maravillosa, estoy reviviendo el sueño del loco y cuando sea grande quiero ser como él” dice esperanzado Fito Cachi.

A sus setentiocho años, el loco sigue tan viejo como excéntrico, suele componer canciones que él mismo canta y transmite en los medios televisivos regionales, es famosa su canción “la polkita por el Perú”; sigue pensando que volverá a ser alcalde y postula a cada campaña electoral con su “Movimiento Regional Inka Pachakuteq” comprobando que aunque no gane ninguna elección, la gente lo aprecia. Y sigue soñando que un día - antes de morir - verá terminado su complejo arquitectónico. “Será más visitado que Machupicchu” suele decir. 

Queda claro que aunque el Estado no pueda intervenir y el loco no tenga fuerzas, los hijos de Chocco mantienen la fe en que un día – de algún modo –terminará la construcción del complejo para que los ciudadanos del mundo vengan, compren, coman y beban viendo la ciudad de Cusco a sus pies, y conozcan al gran Pachakuteq, al loco y a los loquitos, también.


Dedicado con total cariño al Doctor Raúl Salizar Sayco y a mi amigo Rodolfo Cachi Huallpa.

1 comentario:

  1. Si ser honrado y amar con toda la pasión al lugar que nos vio nacer, donde crecimos abrigados por cerros y bañados de una rica historia, arqueología, cultura llena de personajes ejemplares ..... significa estar loco,,, pues YO también quiero estar loca....cuando desde mi ventana veía transitar los camiones con enormes pedrones, rocas que pasaban por la calle rumbo al lugar donde ahora se aprecia a nuestro gran Inca Pachacutec, intentaba comparar que estos trabajos de gran envergadura plagados de amor, HONRADEZ y coraje sólo se hicieron en tiempos pretéritos, llegando a comprender que pocos son quienes actúan como profesan, este nuestro ex Alcalde, es alguien diferente, visionario, digno de imitar en muchos aspectos, pues nos ha demostrado que cuando se quiere se puede....Que hayan más locos y nosotros a contagiarnos de estas locuras.....

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