jueves, 19 de junio de 2014

CUANDO ESE DÍA NO ES AQUEL

Amigos, algunas reflexiones luego de un accidente de tránsito. A propósito del último que ocurrió en Urcos la semana pasada



Sergio Sullca. 15 de julio de 2013

Yo, viajero pertinaz, que tenía como costumbre dormir a mis anchas en el bus, la camioneta o la combi, aquel día no dormí. Y al medio día, en una de aquellas curvas pude vivir en segundos, los momentos que parecen los últimos. Un golpe seco y una lluvia de vidrios que por instinto hicieron que me lleve las manos a la cara y me agache aterrorizado en medio de los gritos instantáneos de la gente que iba conmigo en aquel bus a Sicuani. Un camión cisterna había impactado en medio del mobil express que nos llevaba. ¿Qué ocurre?, ¿es un choque, una volcadura?, ¿es el final de todo…?. segundos que terminaron con el bus destruido y clavado en un guardapistas.

El pasajero que viajaba conmigo sentado a la ventana estaba muerto y sus sesos así como su sangre, estaban impregnados en mi ropa, vi otros dos muertos, uno que literalmente colgaba de la ventana irreconocible por la sangre que manaba. Los que aún estábamos lúcidos no obstante los golpes, pudimos ayudar a los heridos a salir del bus. Por supuesto aterrorizados todos.

Salido del hospital a los tres días, estuvo claro que aquello ocurrió el día martes nueve de julio de 2013 luego de pasar el puente de Urcos cuando me dirigía al trabajo, a Espinar, al medio día debajo de un sol radiante en el momento menos pensado; y estuvo claro que si me hubiera quedado dormido no me hubiera agachado ni cubierto el rostro y aquellos vidrios me hubieran a travesado la cabeza y provocado el dolor impensable de no ver más los dientes de conejo de mi hijo ni su sonrisa de angelito, estaría condenado a no verlo crecer ni jugar con él.

¿El libro que no escribí?, ¿el árbol que no planté?, ¿la canción que no canté…?, ¿la cumbia que no bailé?, nada de eso. Lo tormentoso fue la idea de haberlo dejado sin haber viajado lo suficiente, sin conocer la selva, el mar y la cordillera, sin decirle: “Inkari ya no llores aquí está tu papi”. ¿… qué hubiera hecho mi esposa sola, quién pagaría las deudas…?. Claro, Vero sabe batirse en la adversidad, es macha, pero el dolor de estar sola y perder al marido de la manera más banal en una carretera del Perú, sería demoledor con seguridad. Una hora antes estuvimos haciendo planes, pensando en terminar la casita al pie del cerro y comprar un carrito a fin de año mientras le limpiábamos el moco al bebe y le comprábamos frutas en el mercado de Ttio. “Chau amores”, les dije, “vuelvo en la noche, esto será rápido”. “Hijito, le llevo tus saludos a tu tío Óscar”.

¿Qué sería de las cosas que no terminé?, ¿qué tanto importo?, ¿hice realmente lo suficiente para que me recuerden?, ¿fui malo, fui bueno…? Las respuestas son realmente intrascendentes luego de escuchar “tata” en el hospital y verlo corretear a su año cuatro meses sin conocer el mal y el dolor. Si fui capaz de dar vida y tener un hijo, creo que justifiqué la razón por la cual Dios me puso aquí y pues, qué importa si fui bueno o malo y las cosas que me faltan hacer. Sencillamente pude dar vida y eso es más que suficiente para mí ahora.

Yo, cristiano indisciplinado que no va a misa más que por una fiesta patronal, ese martes por la mañana, me persigné y como no había hecho hace tiempo, miré al cielo y oré por unos segundos. “Cuídame Señor de Qoylluritti”. ¿Me habrá salvado esa oración?, no lo sé. Aunque un poco turuleco por el susto, ya estoy mejor, tengo sólo unos chichones en la cabeza, cosa rutinaria para mí. Luego de leer los más de noventa mensajes en el Facebook, haber recibido esas llamadas y esas visitas en el hospital, al recordar a mis patasas Jaime Borda y Horacio Pacori que vinieron hasta Urcos en mi ayuda, me siento feliz de saber que no estoy solo, que tengo una familia, hijo y amigos. Estoy feliz de estar vivo y completo.

Ya pasó y en una hora abordaré nuevamente un bus camino a Sicuani, superaré el trauma pero eso sí, sin olvidar que estuve así de cerquita de la muerte. Felizmente aquél, no fue el día y tengo tiempo de sobra para dar besos y abrazos.

1 comentario:

  1. Fantástico escribe profundo Docto ..... A VECES NO ES LA HORA Y EL MOMENTO SERÁ QUE AUN NO ERA SU HORA O SERÁ QUE UNO MISMO ES ARQUITECTO DE SU PROPIO DESTINO SALUDOS. ATT Noe Valer Pancorbo.

    ResponderEliminar