jueves, 11 de agosto de 2011

ZAVALITA EN CAMPAÑA

Por Sergio Sullca 06/06/11

Hace cinco años era difícil imaginar a los “comechados”, los “ciudadanos de tercera categoría”, “los comunistas del pasado ambientalistas del presente”, izquierdistas, caviares y todos aquellos que merecieron frases célebres de Alan y sus amigos, encontrándose en la misma orilla con Mario Vargas Llosa, no sólo respaldando sino jugándose el todo por el todo en la campaña de Ollanta Humala. Los resultados de estos encuentros - planificados o espontáneos - tienen un resultado firme para el Perú: Ganó Humala.

El Nobel peruano, fiel a sus usos y costumbres, no podía quedarse al margen del proceso electoral, de lo que ocurría en su país. Quienes leyeron “La fiesta del chivo” saben de su aversión expresa contra las dictaduras no sólo en Latinoamérica sino en el mundo, y la de Fujimori era la continuación de la más corrupta dictadura que haya tenido el Perú.

Literato y además hombre de acción, es de aquellos que no duda en poner las manos al fuego por lo que cree aunque luego tenga que ganarse insultos. Su participación en la “Comisión Uchuraccay” le ha traído amargos recuerdos como él mismo confiesa en “El pez en el agua”, su ingreso a la política y su derrota electoral en 1990 le trajeron frustraciones, su abierto rechazo al régimen fujimorista cuando una abrumadora mayoría de peruanos lo respaldaba casi le cuesta la nacionalidad peruana, su apoyo a Toledo en distintas oportunidades o el hecho de mostrar su molestia al sentenciar: “entre el cáncer y el sida” también le trajeron difíciles momentos entre tantos acontecimientos dentro de los cuales fue protagonista. Esta campaña electoral no podía ser la excepción para un hombre que vive su país con apasionamiento.

El Nobel no estuvo solo en la campaña electoral, estuvo junto con todos estos grupos, con toda esa diversidad de posiciones, no porque sea izquierdista (que no lo es) ni por “piconería” o resentimiento como quiso hacer creer Rafael Rey, sino por la motivación profunda que inspira la defensa de los derechos humanos en el Perú y el enfrentar a “los que matan menos” y a los que esterilizaron mujeres peruanas “no contra su voluntad sino sin su voluntad”, la necesidad moral de impedir que la impunidad vuelva a palacio y entre todos, lo lograron.

Ollanta Humala y su partido ganaron por sus propios méritos, no se le puede negar la firmeza con que actuaron, la serenidad al momento de tomar decisiones, la astucia para capear los embates de la derecha, la sagacidad para conseguir adeptos y aliados en los momentos oportunos pero además, tuvieron en el literato a una columna bien puesta a la hora de darle confianza a esa clase media peruana. No se podría decir aventuradamente en tal o cual porcentaje, simplemente él estaba ahí conteniendo con su prestigio, la campaña atemorizante de los Montesinos de Keiko.

Verlo desairar a El Comercio dejándolo mal parado a nivel internacional, uno puede imaginarse a Mario poniéndose la ropa de Zavalita, ese muchachito loco de “Conversación en la Catedral” diciendo: “…ta huevón, ni callado ni imparcial, a la acción…” y es que para estas cosas de la política Vargas Llosa no puede con su genio. Felizmente.

Ya con resultados en mano, con los reconocimientos oficiales, Mario dijo claramente que se convierte en un ciudadano más que defenderá la democracia, lo mismo han dicho varios, con distintos matices, entre ellos Hernando de Soto, pero es la trayectoria, la prestancia y la talla mundial del Nobel lo que da confianza.

Hay que creer en Ollanta pero no vaya a ser que en los próximos meses un sector castrense que estuvo escondido en esta campaña quiera tomar la batuta y caiga en la tentación de hacer alguna pachotada, o que los poderes fácticos quieran ponerle la agenda o a su gente so pretexto de proteger los intocables capitales. En ese momento estarán las mismas fuerzas democráticas que le dieron su apoyo a Ollanta como la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos y claro, la pluma de Mario Vargas llosa.

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